MOVIMIENTO COMUNAL NICARAGÜENSE |
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HISTORIA DEL MOVINIENTO COMUNAL |
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Nuestro origen político sin embargo, surge con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista , expresión fundamental de ésta en los años 78 y 79 y década de los 80. Durante estos años, forjamos la organización popular de mayor dimensión territorial, los CDS, que aglutinaron a la población en barrios y comunidades en tareas de salud preventiva, alfabetización, levantamiento de la producción, reconstrucción y construcción de obras sociales, abastecimiento, educación, seguridad ciudadana y para ello, la organización de la población por cuadras, manzanas, barrios y comunidades de todo el país. Durante esta época se realizan importantes y estratégicos cambios en la vida política y social de los nicaragüenses. Se instaura la democracia participativa, se alcanzan derechos fundamentales como el acceso a la salud, a la educación y a la vivienda popular en todo el país. Nuestra organización contribuye sustantivamente a la consecución de esos logros en todo el territorio nacional y se alza como expresión viva de Poder Popular en ese entonces. No obstante los alcances y logros de esta década, hubo desaciertos y errores al seno de la organización que a su vez se convirtieron en retos que vencer en aquel momento. Hemos sido una organización en permanente cambio. Nos ha caracterizado siempre el compromiso por los cambios y ser cada vez mejores. Es meritorio reconocer que al seno de la organización ha habido siempre voluntad y capacidad para cambiar. Capacidad de interpretar nuestra realidad interna y la del entorno y promover a su vez, desde el seno del liderazgo local, desde los líderes municipales, departamentales y nacionales, los cambios necesarios para avanzar y fortalecernos. En el año 88, siendo una organización con méritos y fortalezas, estaba cruzada por una serie de debilidades y amenazas que, de no adoptarse cambios radicales, tendía a desaparecer. La guerra impuesta desde afuera y el bloqueo al país y a la Revolución eran los principales factores de amenaza. El autoritarismo, el centralismo en las decisiones, el verticalismo y el sectarismo en la participación, se expresaban como nuestras principales debilidades internas. 1988 marca el período de transformación más importante que hayamos tenido. Nos planteamos en este entonces, romper con la concepción para estatal y partidaria, y adoptar una nueva concepción, profundamente comunitaria y popular, partiendo de los intereses de la gente y de la comunidad, a la par de los intereses nacionales y de la Revolución. Participación amplia y plural y no sólo de los Sandinistas como solía ser. Organización comunitaria al gusto del cliente, de acuerdo al interés primario de los vecinos o pobladores, o donde chimara el zapato, planificación de abajo hacia arriba. Estilos horizontales de trabajo y la reducción drástica del personal asalariado, versus el fortalecimiento del voluntariado social como un principio insustituible en la organización. Estos cambios fueron una novedad política nacional, al ofrecerse a la sociedad una organización eminentemente popular y comunitaria, con sentido de comunidad, en la comunidad y para la comunidad. Nos planteamos promover ampliamente la Participación y Movilización Social en los barrios y comunidades a partir de los intereses primarios de la gente y con el propósito estratégico de fortalecer el Poder Popular, resguardando y defendiendo la Revolución. Adoptamos en este momento (88-89), una Estrategia de Capacitación y Formación al Liderazgo, que permitiera construir una nueva organización, propia de la comunidad. Instituimos en esta época nuestra simbología actual. Nuestro logotipo, símbolo y bandera, reiterando el 9 de Septiembre como fecha histórica de fundación. Con esta nueva concepción, transitamos los años 88 al 98 en un esfuerzo por la institucionalización y la promoción de acciones locales y nacionales que se correspondieran con los intereses de la comunidad y con los objetivos trazados por la organización en distintas etapas de esos 10 años. En el año 92 logramos institucionalizar el MCN, al aprobarse los primeros Estatutos de la Organización y definir nosotros mismos el quehacer de la Organización y elegir nuestros propios dirigentes. Durante ese período hubo cambios trascendentales en el orden político, económico y social a nivel nacional e internacional. El mundo bipolar terminó. Los países de inspiración socialista “se auto destruyeron”. En Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, partido de izquierda en el poder que había llegado al mismo por medio de la lucha armada, pierde las elecciones en el año 90 y con ello, la estructura de poder e incidencia de la Revolución se desquebraja. Las grandes conquistas sociales y económicas comienzan a desaparecer a partir del arrribo de un Gobierno de derecha. En este nuevo contexto histórico, el MCN, su liderazgo en el país, asume el reto de alzarse con luchas populares por la defensa de la propiedad urbana y rural, los derechos a la salud y la educación, y en la defensa del régimen de participación y movilización popular a todos los niveles, en tanto el Gobierno y fuerzas políticas ascendentes, pretendían eliminar. En estas circunstancias sin embargo, aún y cuando el MCN se sostuvo como organización, con reconocidas victorias, nos faltó generar mayores procesos de movilización en contra de las políticas antipopulares impuestas por los Organismos Internacionales y ejecutadas por los Gobiernos de turno. Faltó también autocrítica y búsqueda de unidad entre los sectores progresistas y populares. Caímos en la provocación del sistema y cada quien comenzó a halar agua para su molino. Las actuales circunstancias nos demandan cambios sustantivos que apunten a nuevos desafíos, para un nuevo siglo, en una nueva época. Estos cambios son expresados en el diagnóstico organizacional llevado a cabo en el año 99, precedido de un amplio proceso de reconceptualización en los años 1997 y 1998, realizado en todo el país y a todos los niveles de nuestra organización. Estos desafíos, no obstante, sólo podrán ser posibles desde una posición de profundo compromiso personal y colectivo que nos lleven a la construcción de una organización que lucha por una vida y condiciones dignas para todos y todas. Una organización con capacidades para revertir las políticas del sistema dominante. Con solidaridad, alto sentido de lucha y tolerancia. Con capacidad de organización y movilización por construir nuestros sueños, esperanzas y acciones, ahora y no mañana. Mañana será tarde. De lo anterior se desprende que nuestra experiencia histórica, el voluntariado social, nuestra vocación de lucha y el ser una sóla organización nacional, son nuestras principales fortalezas o capital para avanzar, transformarnos y apuntar a un nuevo modelo político y organizativo para los próximos años. Construir un gran Movimiento Nacional de Pobladores en Defensa de sus Derechos . |
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